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Jardín de Ruinas

Run, desire, run... (APC)

Veo a esa joven actriz por la televisión y sé que los instintos no están tan apagados como querían hacerme creer. Desearía besar unos labios, estrechar un cuerpo, lamer una piel, succionar una lengua... Madre de Dios, esas curvas, esos pantalones ajustados, esas miradas... No puedo resistirlo.
Podríamos ser realmente fuertes, realmente dueños de nosotros y saber actuar sin rencor, sin venganza, sin querer hacer daño a nadie. Sin tener que pedir disculpas por nada; acaso doblarse, vivir dos vidas. Por qué no todo es más fácil.
En este punto volvemos al inicio: sólo que esta vez no hay messenger, no hay chica ideal, no hay flirteo; sólo un deseo ardiendo en un alma atormentada por el peso del calor de los planetas.

La morfina y el azar

¿Es el caos un orden poco aparente? Como la ocasión en que un rayo pasó a través de las piernas de mi testarudo abuelo, que se empeñaba en seguir labrando durante una tormenta, todo es cuestión de suerte. En esta pequeña ciudad, todos acabamos por conocer ese tercer eslabón que nos une con el resto (y cada uno) de los habitantes. En la gran metrópolis tendría que ser diferente: las casualidades son como esas partidas de dados en que tres ceros seguidos te arruinan la noche.
Hace semanas, Amelia me contaba su juego lésbico. Una amiga necesitaba desprenderse de un tipo pesado que pretendía ligar con ella. Las dos amigas se dieron un lascivo beso en la boca para hacer cambiar de opinión al maromo.
Esta noche. Sophie me contaba cómo salió el sábado pasado y cómo se vio implicada en un juego exactamente igual con una compañera de facultad, casualmente también llamada Amelia. Juego que prosiguió -sin consecuencias- más tarde, en el dormitorio de esa Amelia.
Ambas, como ya comenté, viven en la misma ciudad.

Quizá lo veo desde la perspectiva del extrarradio... No sé. Curioso. Tres Venus y Martes en eclipse.

The narrow streets, neverending narrows...

The narrow streets, neverending narrows...

Por alguna razón siento que todo va bien. [Esta es la segunda maldita vez que escribo esto. Ya no tendrá la frescura de la primera. Precisamente hablaba de que un reventón en el servidor me dejaría sin nada: no hay copias, no hay borradores, no hay nada, sólo algunos carácteres ASCII.] Más allá del recuerdo de la lujuria de Amelia, del deseo de una vida estable con Sophie y del loco sueño de la enfermera odontológica, puedo decir que todo funciona. Por contra, mi editor rechaza mis papeles: he intentado engañarle con lo que escribí pensando en Amelia, pero él ha sido más listo, lo ha captado y ahora me lo devuelve.

Así que parece que uno no puede tenerlo todo. No sé si es mejor conformarse con la estabilidad emocional y física que con la inspiración brillante.

Por alguna razón siento que veo mi vida como en una extraña película en blanco y negro al estilo "slice of life", aburrida pero empática. Mientras, me vuelvo loco escuchando APC y TG. Me licuo en las frías noches de esta húmeda ciudad, donde el frío atrapa los pies de uno y va subiendo y congelándote poco a poco. Sin calefacción es imposible resistir más allá de las 12 delante del monitor.

Creo que lo mejor que escrito en estos últimos meses está entre estas páginas. Y es una pena, porque como repetía arriba, es una obra efímera. El fallo de hace unos momentos me lo acaba de demostrar.

Maldito trasto. Acabas de destrozarme el post.

Maldito trasto. Acabas de destrozarme el post.

Through a Glass Darkly

Through a Glass Darkly

Ha llovido todo el día. Todo el día. No ha dejado de caer esa gélida cortina de agua ni un momento. Para celebrar el cumpleaños de Woody Allen, he estado en la consulta de la psicóloga. Me ha dejado un libro que un poco más y llega empapado hasta el coche.

Hace diez días que llamó Amelie.

He hablado con Sofía y nos hemos enfadado por teléfono. Quizá debería decir que me he enfadado yo, y no sé por qué. Tal vez porque la ansiedad suele ponerme de mal humor; una especie de afección parecida a los cambios de humores de vuestra menstruación, no sé.

Para colmo, creo que he espantado a Malaa, con mi comentario en su bitácora.

Es casi martes y sigue lloviendo.

Last Exits for the Lost

La llamada perdida me sorprendió poco después de hablar con Sophie. Era Amelia.
La llamé y el tiempo pasó volando. Me habló de su vida en la gran metrópolis, del ir y venir continuo; se interesó por mí, me notó alegre y mejorado, cosa que me gustó bastante. Le comenté la posibilidad de trasladarme allí. Ella se alegró de la iniciativa.

Cuando colgamos, volvió a decirme agur, de esa forma -creo que inconsciente- en que sólo ella sabe decirlo. Después de dejar el teléfono me invadió una sensación extrañísima. No sé por qué, tenía ganas de llorar.

Entre Aqueronte y Estigia

Supongo que un pecado conduce a otro: tuve que visitar al dentista ayer y volví a ver a una de las enfermeras que trabajan con él. Es rubia, no muy alta, de mi edad, de ojos claros y sonrisa cálida. Añadamos a esto la bata blanca de enfermera... Hace muchos años que la veo en la consulta, pero en esta ocasión -cuando el dentista me empastaba y yo estaba pensando que me dejaría arrancar todos los molares y premolares por tenerla-, como una chispa que salta del fuegom me ha surgido un interrogante que no he podido contestar: ¿Y si le preguntara si tiene novio? ¿Y si le pidiera que quedáramos? Sé que tengo a Sophie, pero, en nuestras dudas...

Un pecado lleva a otro.

(No todo son inconvenientes. Según Dante, habría ascendido un círculo en su Infierno.)

(No) se culpe a nadie

¿Por qué le sigo dando vueltas a todo esto? ¿Por qué me sigue perturbando el recuerdo del tono de su voz cuando por teléfono se despedía deseándome buenas noches? ¿Por qué ese agur me traspasaba? Maldita sea, ¿por qué?

One chance, one kiss, one taste of you...

One chance, one kiss, one taste of you...

Overcome by your moving temple
overcome by this holiest of altars

So pure
so rare
to witness such an earthly goddess
that i've lost my self control beyond
compelled to throw this dollar down
before your holiest of altars

I'd sell my soul
my self esteem a dollar
at a time for
one chance
one kiss
one taste of you my magdalena...


Vendería mi alma, mi propia estima a cualquier precio, por una oportunidad, un beso, el poder probarte, mi magdalena...

El pecado. Sumido en las dudas más negras, que hacen palidecer el sol y mi gesto. Todo por esa Eva con la que cualquier Caín suspiraría por el incesto. Maldita sea. Todo por un blog, una curiosidad, un email, muchas noches de conversación y algún poema. Y la perdición.
Qué voy a hacer, maldita sea. Me repito que sólo es una mujer fatal, que tiene a sus compañeros de cama cuando y donde quiere, pero no puedo evitarlo. Maldita sea, escribidme por favor.

Confesiones imperfectas en pretérito perfecto

Al final estallé. Tuve que contárselo. Sentí que lo entendería, pero en el fondo no se lo dije todo. Le dije lo que pasó, no lo que me pasa. Le dije de dónde era ella, no donde está. Le dije que hablamos, no que hablamos. Le dije que me gustó, no que no sé si aún me gusta, con un "aún" dudoso.
Ella apenas hizo preguntas. Tal como pensé, me entendió y dijo saber bien qué sentía.
En cierta forma, fue un alivio.

A night with (h)Ella...

En la noche puedes oír la gentil voz del silencio. Cuando el mundo exterior se para, la ciudad deja de palpitar y las tinieblas cercan nuestros pesares. Entonces es cuando uno queda desnudo ante sus pensamientos.
Hoy. Cuatro llamadas, dos respuestas. Ella no contesta al móvil. Hella coge el móvil, hablamos, me cuenta cómo le va en la nueva ciudad, su ruptura, su rápido encuentro de nueva satisfacción. Ella no contesta al fijo. Hella me habla de su máster, de las amistades peligrosas; el móvil se corta. El teléfono de Hella ya no responde. Localizo a Ella: estaba en el supermercado. Hella vuelve a dar señal, pero tengo que llamarla a Ella. Hablamos media hora, le cuento cómo ha ido mi día en esta ciudad apestada. Nos despedimos con un amago de duda: quizá el querer experimentar nuevas sensaciones la/nos va a perder. No insisto más al teléfono de Hella. Ya he hecho lo que quería hacer, escucharla por un momento y perderme por varios...

¿He dicho que me gusta Ella Fitzgerald, con tanto lío de ellas? :)

Dream on -until your dreams come true...

Las noches son cortas, oscuras y sin sueño. Los días son largos y divididos por una nueva pausa equinoccial. Ayer todo el día me acompañó esa terrible sensación de la ansiedad, como si un puño se cerrara sobre mi gargantea, como si el peso de toda una vida me oprimiese el tórax. En el bus, la sensación de querer salir y respirar. En casa, la contínua desazón ansiosa. Buda decía que la preocupación y el dolor provienen del deseo; suprimido el deseo, se acaba el dolor. Supongo que puede tener razón, pero ¿acaso siempre el dolor procede del deseo? ¿Qué deseo me desea a mí este dolor, este padecimiento irregular?

Déjame...

Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire,
que hoy necesito besar otros labios creyendo que beso tus labios.
Déjame perdido en negra noche que hoy el dolor duele,
que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.

Déjame beber de ti en los labios de mujer extraña,
que hoy necesito el calor de unos brazos
que apaguen mi vana esperanza.
Déjame desnudo de recuerdos. No los necesito.
Que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire...

... et lux perpetua luceat eis.

La tormenta azota la ciudad. El viento se lleva las ramas caídas de los árboles, tumba aparatos de aire acondicionado, dobla antenas y desplaza cubos de basura, pero no se lleva los pensamientos más oscuros.
Hoy no he hablado con ella, salía de marcha y no la he podido llamar. Después de terminar la película que veía, me he puesto a pensar si, ahora que comparten ciudad, no sería irónico que se cruzaran en un semáforo, viéndose sin mirarse, que coincidieran en el mismo vagón del metro, que hicieran cola en la misma caja de un supermercado, que bailaran cerca en el mismo local cercado de tinieblas.
Que se conocieran sin saber qué les une.

Una de ellas me dijo que la vida da muchas vueltas, y nunca podemos saber dónde terminaremos. Cuánta razón tiene.

Come back here, it´s not over

Una película no es una traición. Veo el dvd y la veo a ella, esos ojos de mirada profunda, ese cabello castaño, esa sonrisa franca y deliciosa, y no sé quién es en realidad y cuál de las dos es la que me gusta. Y vuelvo a caer. Me debato entre conseguir la filmografía completa de LW, para tenerla para siempre en video digital, y leer sus labios apagando el volumen, congelar su sonrisa en la pantalla como si fuera un insecto en ámbar, parar el dvd y revisar con el zoom alguna escena con ella desnuda... o alejarla, regalar la película, venderla en el mercadillo como a una de esas esclavas de los cuadros de Gerome. Olvidarla.

Pero qué dulce es este desasosiego. Qué retorcidos estos sueños inconfesables. Y qué lejos queda la Villa y Corte de esta ciudad olvidada de Dios.

Hard loving man

Nunca puede uno tener la certeza de nada: es el tren de David Hume, que acaba por pasar cuando las persianas están cerradas. Recibo un correo y es como si algo dentro de mí, que estuviera dormido, se despertara y me empezara a punzar hasta que de nuevo le inyecto su dosis de morfina.

Hoy más que nunca necesito estar cerca de un chica. Todos los momentos que da de calma una mujer no pueden compararse a ninguna dosis de Valium. Lo digo por experiencia.

Is there anybody there?

¿Me perdonarás si te digo que te quiero?

Presunción de inocencia

Volvía a casa y he pasado por una tienda de baños. Me he parado a ver esas bañeras que tanto te gustaban, esos muebles de baño, los lavabos, los grifos modernos, los espejos sin marco... Y me han vuelto a la memoria todos esos ratos en los que jugábamos a imaginar una casita llena de detalles, pequeña, hecha con amor y el buen gusto que nos -te- caracteriza. El cristal del escaparate me ha devuelto, por un segundo, tu imagen, cogida de mi brazo.

Cuando he llegado a casa, al pie del portal, sucio e incompleto, había un plano del metro de Madrid: línea rosa, aeropuerto, Campo de las Naciones; línea marrón, Arturo Soria, hacia Nuevos Ministerios. Me he preguntado si no estaba allí como señal de algo que no he sabido descifrar.

Leer con: Chopin, Nocturno nº2 en Mi mayor, opus 9-2.

Down in a hole

Añoro un lugar que no conozco, un lugar pequeño y tibio donde pudiéramos refugiarnos de todo lo que nos rodea, de la inseguridad de nuestro alrededor, que nos permitiese mirarnos a los ojos y ver el amor que nos ha llevado donde estamos, y querernos, querernos y rememorar las miradas que nos condujeron el uno al otro, las caricias, las palabras, el tacto, el construir, aunque sólo fuera por unos días, un mundo propio, apartado de todos y todo, sólo formado por un tú y un yo, que me apartase del eclipse de mi propio ser.

Verdaderas mentiras falsas

Pensando en cómo fue todo, quizá si no le hubiera dicho aquello, nada habría pasado. Fue una valentonada por mi parte, pero ya se sabe que internet propicia ese tipo de excesos. Le dije que había soñado con ella, un sueño muy lúbrico, en el cual hacíamos el amor en una habitación que no existe en mi casa. Tal vez eso despertó su interés, pero lo cierto es que le gustó, y a mí me gustó contárselo, sentir cómo se iba derritiendo entre mensaje y mensaje, imaginar su cara de impaciencia. Me encantó. Volvería a hacerlo.

El párrafo anterior es mentira.

El párrafo anterior es verdad.

Una de las tres últimas frases es falsa.