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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2003.
01/11/2003
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire, que hoy necesito besar otros labios creyendo que beso tus labios. Déjame perdido en negra noche que hoy el dolor duele, que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
Déjame beber de ti en los labios de mujer extraña, que hoy necesito el calor de unos brazos que apaguen mi vana esperanza. Déjame desnudo de recuerdos. No los necesito. Que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte. Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire...
04/11/2003
Las noches son cortas, oscuras y sin sueño. Los días son largos y divididos por una nueva pausa equinoccial. Ayer todo el día me acompañó esa terrible sensación de la ansiedad, como si un puño se cerrara sobre mi gargantea, como si el peso de toda una vida me oprimiese el tórax. En el bus, la sensación de querer salir y respirar. En casa, la contínua desazón ansiosa. Buda decía que la preocupación y el dolor provienen del deseo; suprimido el deseo, se acaba el dolor. Supongo que puede tener razón, pero ¿acaso siempre el dolor procede del deseo? ¿Qué deseo me desea a mí este dolor, este padecimiento irregular?
06/11/2003
En la noche puedes oír la gentil voz del silencio. Cuando el mundo exterior se para, la ciudad deja de palpitar y las tinieblas cercan nuestros pesares. Entonces es cuando uno queda desnudo ante sus pensamientos. Hoy. Cuatro llamadas, dos respuestas. Ella no contesta al móvil. Hella coge el móvil, hablamos, me cuenta cómo le va en la nueva ciudad, su ruptura, su rápido encuentro de nueva satisfacción. Ella no contesta al fijo. Hella me habla de su máster, de las amistades peligrosas; el móvil se corta. El teléfono de Hella ya no responde. Localizo a Ella: estaba en el supermercado. Hella vuelve a dar señal, pero tengo que llamarla a Ella. Hablamos media hora, le cuento cómo ha ido mi día en esta ciudad apestada. Nos despedimos con un amago de duda: quizá el querer experimentar nuevas sensaciones la/nos va a perder. No insisto más al teléfono de Hella. Ya he hecho lo que quería hacer, escucharla por un momento y perderme por varios...
¿He dicho que me gusta Ella Fitzgerald, con tanto lío de ellas? :)
10/11/2003
Al final estallé. Tuve que contárselo. Sentí que lo entendería, pero en el fondo no se lo dije todo. Le dije lo que pasó, no lo que me pasa. Le dije de dónde era ella, no donde está. Le dije que hablamos, no que hablamos. Le dije que me gustó, no que no sé si aún me gusta, con un "aún" dudoso. Ella apenas hizo preguntas. Tal como pensé, me entendió y dijo saber bien qué sentía. En cierta forma, fue un alivio.
12/11/2003
Overcome by your moving temple overcome by this holiest of altars
So pure so rare to witness such an earthly goddess that i've lost my self control beyond compelled to throw this dollar down before your holiest of altars
I'd sell my soul my self esteem a dollar at a time for one chance one kiss one taste of you my magdalena...Vendería mi alma, mi propia estima a cualquier precio, por una oportunidad, un beso, el poder probarte, mi magdalena... El pecado. Sumido en las dudas más negras, que hacen palidecer el sol y mi gesto. Todo por esa Eva con la que cualquier Caín suspiraría por el incesto. Maldita sea. Todo por un blog, una curiosidad, un email, muchas noches de conversación y algún poema. Y la perdición. Qué voy a hacer, maldita sea. Me repito que sólo es una mujer fatal, que tiene a sus compañeros de cama cuando y donde quiere, pero no puedo evitarlo. Maldita sea, escribidme por favor.
18/11/2003
¿Por qué le sigo dando vueltas a todo esto? ¿Por qué me sigue perturbando el recuerdo del tono de su voz cuando por teléfono se despedía deseándome buenas noches? ¿Por qué ese agur me traspasaba? Maldita sea, ¿por qué?
21/11/2003
Supongo que un pecado conduce a otro: tuve que visitar al dentista ayer y volví a ver a una de las enfermeras que trabajan con él. Es rubia, no muy alta, de mi edad, de ojos claros y sonrisa cálida. Añadamos a esto la bata blanca de enfermera... Hace muchos años que la veo en la consulta, pero en esta ocasión -cuando el dentista me empastaba y yo estaba pensando que me dejaría arrancar todos los molares y premolares por tenerla-, como una chispa que salta del fuegom me ha surgido un interrogante que no he podido contestar: ¿Y si le preguntara si tiene novio? ¿Y si le pidiera que quedáramos? Sé que tengo a Sophie, pero, en nuestras dudas...
Un pecado lleva a otro.
(No todo son inconvenientes. Según Dante, habría ascendido un círculo en su Infierno.)
24/11/2003
La llamada perdida me sorprendió poco después de hablar con Sophie. Era Amelia. La llamé y el tiempo pasó volando. Me habló de su vida en la gran metrópolis, del ir y venir continuo; se interesó por mí, me notó alegre y mejorado, cosa que me gustó bastante. Le comenté la posibilidad de trasladarme allí. Ella se alegró de la iniciativa.
Cuando colgamos, volvió a decirme agur, de esa forma -creo que inconsciente- en que sólo ella sabe decirlo. Después de dejar el teléfono me invadió una sensación extrañísima. No sé por qué, tenía ganas de llorar.
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