Jardín de Ruinas

Jardín de Ruinas, un lugar nebuloso entre la dura realidad y el ominoso deseo...

 

---

Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2004.

03/02/2004

"¿Cómo vivir siempre pensando en quien quizá no ha de volver?" (Kavafis) - 4ª y última parte

Finalmente, el amanecer, después de horas interminables de una confesión que sólo podía hacerle a ella, nos sorprendió a ambos agarrados a una taza de café y a la débil esperanza de que contar lo que sentía me ayudaría a poder resolver mis dudas.
-Quedaba pendiente una comida con Amelia.
-Y unas horas que se dilatarán para siempre en mi memoria...

Malgasté las horas que quedaron entre el desayuno y la comida. Volví al hotel a pie, dando una vuelta por la enorme urbe, que, con el paso de los días, se me iba haciendo menos extraña. La posibilidad de vivir en ella no se me hacía tan extraña, después de todo. No recuerdo qué hice en esas horas; seguramente apuntar algunas notas en mi cuadernos, leer algunos poemas de Nicanor Parra. En ese momento estaba completamente de acuerdo en sus versos:
"¡Está bien que me pase por imbécil!
La poesía se ha portado bien,
yo me he portado horriblemente mal.
La poesía terminó conmigo.
"

Llegó la hora acordada, y un sms: "Estoy en la boca del metro. Ven antes de que me arrepienta", con ese sabor agridulce de la clandestinidad que tanto hace hervir mi sangre. Nos encontramos y recalamos en un restaurante cercano. Pedimos una ensalada que resultó ser gigantesca. Ella estaba radiante. Le dediqué el cuadernito que le había entregado en nuestra primera cita. Ella, a cambio, con una exquisita y temblorosa letra, me obsequió con una nota en mi cuaderno. Hablamos, hablamos, hablamos. Sólo recuerdo de aquellos momentos sus delicadas manos y sus ojos de bronce.
Al terminar, dimos una vuelta y nos paramos en la Plaza de la Despedida. Nos sentamos en un banco y nos abrazamos. Volví a sentir el calor de sus labios, el aroma de su pelo. Quien nos hubiera visto, hubiese dicho que llevábamos mucho tiempo juntos. Seguimos murmurándonos el uno al otro, pensando qué iba a ser ahora de nosotros.
Después de un rato, fuimos a tomar un té a una cafetería cercana. La pena por nuestra despedida se iba agrandando como un abismo a mis pies: la certeza de que no iba a poder verla en mucho tiempo me paralizaba.
Inevitablemente, surgió el tema del sexo. Era demasiado duro aventurarse a una respuesta cierta, así que lo echamos a suertes. Con una peseta antigua lo decidimos: cara, venía al hotel (¿acaso no era morboso que los de recepción me vieran subir con dos chicas diferentes? ¿qué iba a sentir al acostarme en la misma cama donde había dormido Sophie?); cruz, lo dejábamos allí. La fortuna sonríe a los audaces, dicen. En ese momento la fortuna no debió de sentirme demasiado audaz.
Cuando ella estaba en el baño, llamó Sophie. Ya terminaba sus clases; se habían hecho ya las cinco. Teníamos que separarnos. Le leí algún poema en voz baja y permanecimos abrazados y con la mirada perdida.
Volvimos a la Plaza de la Despedida. Y allí, después de besarla por última vez, acordamos no decirnos adiós, sino hasta luego.

Cuando nos separamos, ella no volvió la vista atrás.
03/02/2004 13:56 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

06/02/2004

From her to eternity

A Sophie le excita leer la Ilíada. Supongo que es por sus raíces griegas maternas, o quizá por el recio verso de Homero, por las toscas formas hombrívolas que en la obra aparecen. A Sophie le ponen los hombres que han visto mundo (ahora entiendo el atractivo que supone Omar, el marido de una amiga común). Supongo que Sophie leerá con la misma delectación la Odisea.

¿Y a ti, Amelia? ¿Qué te excita? Sé de tu cuello virgen de mí, de tu territorio sagrado que venero como si fuera una vestal, y en el que prometo adentrarme como el protagonista de El corazón de las tinieblas. Sé de las fresas, y el champán, y sé cómo te gustan mis poemas... Aaah... la incertidumbre es una de las cosas que más nos gustan de ser amantes, ¿verdad?
06/02/2004 20:12 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

07/02/2004

La poesía acabó conmigo

Estaba en el supermercado cuando de repente tuve una revelación: ¿No estaría haciendo un uso inmoral de la poesía? Es decir, igual que aquel Lobsang Rampa decía que no había que usar las habilidades adivinatorias para el propio beneficio, ¿no estaría yo abusando del Arte, del Verbo, para conseguir aquello que quería? ¿Me castigarían las nueve musas con nueva calamidades sobre mi cabeza?
Lo cierto es que horas después, llegó un mensaje de Amelia. Le había enviado un poema mío al móvil dos días atrás, y al parecer su pareja FY lo interceptó. Amelia me regañaba severamente por esa travesura fatal. Yo la imaginaba airada y con el ceño fruncido. Le pedí disculpas y le prometí ser más cauto en el futuro, pero el daño ya estaba hecho. Estampado en el muro de la confusión, me sumergía más en el letargo que supone vivir en este paraje asqueroso y recóndito. No podía hacer nada más, no puedo hacer nada. Me encuentro amordazado por doscientas leguas de mar y cuando tengo algún momento de respiro nunca sé si es el adecuado.

Fue entonces cuando relacioné ambos hechos: mi conciencia de culpa como poeta y el desastre con Amelia. ¿Casualidad? ¿Fatum? Espero sinceramente que no caigan las ocho maldiciones restantes...
07/02/2004 17:57 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

10/02/2004

El largo camino de vuelta al infierno

Cada vez que el monitor parpadea, cada vez que el televisor se distorsiona, voy corriendo a consultar la pantalla del móvil, esperando ver la imagen del sobre iluminada.

(El veneno que transmiten estas ondas será el precio más bajo que haya de pagar por ti. Lo juro)

Pero cada vez que acudo a él, el móvil sigue imperturbable, pétreo. Malditas interferencias.
10/02/2004 01:12 Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

12/02/2004

A dame to kill for (resumen de estos seis meses)

Había aparecido en mi vida tanteándome. Me contó su historia. Asistí en diferido a sus enamoramientos, traiciones y rupturas. Sin darnos cuenta, nos hicimos confesores el uno del otro.

Intenté dejarla fuera, pero en verano las olas más fuertes no estaban en el agua, sino dentro de mi cabeza, sacudiéndome y haciéndome zozobrar.
El tiempo pasó y la situación varió poco: ella era mi femme fatale, mi belle dame sans merci.

Nos encontramois en la gran ciudad de nuevo y sólo el azar impidió que el invierno se hiciera verano. De la ciudad, a mi vuelta a esta charca ponzoñosa, sólo me llevé la luz de sus ojos para iluminar la arcilla con la que modelo fantasmas en la soledad de cada noche.

Pero pronto el fuego se apagará y tan sólo quedarán las brasas del recuerdo, tibias para siempre. Ella seguirá cercenando cabezas como un niño apaga las velas de una tarta: de un suspiro, sin remordimientos.

Ha acabado con mi vida.
Ha acabado con mi obra.

Belle dame sans merci, sé que me lo merezco por acercarme a ti. Sólo me arrepiento de no haberte besado tan profundamente que sintieras el sabor de mis besos durante años enteros.
12/02/2004 12:26 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

(This space is intentionally left blank)

El problema de ser el objeto de deseo de alguien es que ese alguien acaba por cansarse de ese objeto.

Eso es lo que a la larga ocurrirá, Amelia. Sabes que se te pasará, y que volveré a encharcarme en el pantano donde nací. Sabes que soy sólo una parada en el camino, pero el metro sigue adelante, y aún quedan muchas más hasta el final de trayecto.

No. Espera. Mejor de otra manera (sigue en el post de abajo).
12/02/2004 11:09 Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

19/02/2004

Juicio en el jardín de ruinas

Siempre he sentido más afinidad con las mujeres. Ahorraré detalles. Es algo que se me escapa: quizá por que soy más sensible (la sensibilidad de un piscis algo ingenuo, de un amante del arte) o más paciente, o más escuchador que la mayoría. Supongo que por eso he tenido buanas amistades en el otro sexo: compañeras, camaradas, confidentes...

Por esa afinidad es por la que pedí el Conclave de Venus. Y me fue concedido.

El día acordado me llevaron a ciegas a un jardín. Me sentaron en el césped, al lado de una columna rota. Me quitaron la venda y entonces las vi. Seis mujeres me rodeaban en círculo, sentadas en la hierba, cada una vestida de un color diferente. Apenas me había quitado la venda, una voz a mi derecha me habló.
-H, nos hemos idealizado el uno al otro. Esto no va a ir a ninguna parte.
-Amelia, no digas eso. ¿Y lo que pasamos juntos?

A su derecha, vestida de color azafrán, contestó enérgicamente otra chica:
-Estás cegado, amor. Amelia es sólo un capricho pasajero.
-¿Cómo lo sabes, Smyrna?
-No seas inocente, amor. Te has deslumbrado.

Sentada, mirando distraídamente, O no decía nada.
-¿Tienes algo que aconsejarme, O?
-No lo sé. En parte te entiendo, especialmente en tu situación, pero no puedes hacerle eso a Sophie...

Jelenna se apartó el flequillo y por un momento el sol iluminó su vestido violeta.
-Ya no tienes nada que hacer con Sophie, H. Si ha pasado lo que ha pasado, es que lo vuestro está muerto.
-Pero Jelenna, yo aún la quiero. Pero... pero...

Sophie, que estaba exactamente detrás de mí, tenía las manos recogidas en su exquisito vestido azul.
-Quizá haya cosas que nos estemos perdiendo. Pero hay otras que, por ahora, aún no puedo aceptar.

Ante ella no podía responder. Sólo quedaba una. Aria Negra permanecía callada detrás de su velo. Con una de sus manos enlutadas se lo apartó, me señaló y exclamó:
-¡Decídete, imbécil! ¡Esto ha de acabar!

-Todas tenéis razón.

-Y sin embargo -dijo Smyrna-, el Conclave no puede emitir un fallo unánime. Lo siento, H. Es cosa tuya.
-Pero os convoque para que me ayudárais.
-No podemos ser más precisas. Necesitas más tiempo, decisión. O una apelación.

Las seis mujeres se levantaron al unísono, y, después de mirarme, se alejaron en direcciones opuestas. No recuerdo nada más.
19/02/2004 12:23 Enlace permanente. Hay 7 comentarios.

23/02/2004

She passed by my window...

She passed by my window
Her eyes were all aglow
And bent to pick her glove she'd dropped
From the bright and brittle snow

Nature had spoken it in the Spring
With apple, plum and brand new pear
Have you time for my company?
No, I said, I have none to spare...
23/02/2004 10:24 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

27/02/2004

Here in my room

Llevo una semana en silencio. En la calle sólo se oye el vacío del viento, la música no suena a nada, los dedos se deslizan mudos por el teclado. Los timbres callan. Poco a poco, como una imagen fija que se va alejando paulatinamente, como la roca lamida por el mar templado que se va erosionando camino a la nada, me voy deshaciendo en tu memoria. El olvido trepa por tu retina y se hace una madriguera en tu recuerdo de mí. Es un proceso lento, contagioso, indoloro y sordo. Y yo ya llevo una semana incubando las larvas de ese silencio.
27/02/2004 01:26 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.


Enlaces

Archivos


http://jardinderuinas.blogia.com
Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]